Llegar a ser y sentirse sumisa, esclava, sierva... Así debería ser, ni más ni menos; una tríada que muchos llegan a rechazar o separar dentro del Bdsm, pero que para otros va estrechamente ligada.

El servir con humildad, devoción y dedicación a un Dominante no es algo sencillo de llevar a cabo, pero nada es imposible, si nos esforzamos, si de verdad lo deseamos; y aún lo es menos, si sabemos que con cada uno de nuestros actos estamos complaciendo a quien te abre sus brazos para disfrutar de cada uno de ellos. No hablamos de juegos de rol dentro de una sesión, hablamos de un estilo de vida, de acciones, de pensamientos, de sonrisas, de complicidad, de dedicación, de esfuerzos, de sufrimiento, hablamos de una entrega total.

Si lo miramos fríamente y desde fuera, se diría que la servidumbre se resume a una actividad o acto provechoso en beneficio del Dominante o, dicho de otra manera y en boca de otros, sería un acto de abuso de poder; es un error pensar eso, cuando realmente no existe tal abuso, sino simplemente la necesidad de servir y complacer.

En el Bdsm la servidumbre es algo que se vive muy intensamente y posiblemente la disciplina que requiere es de un esfuerzo mayor y de una máxima atención y dedicación hacia el Dominante. Es un día a día, un aprendizaje constante y como tal despierta dudas y miles de preguntas, pero debemos tener muy presente que esta perfección sólo lograremos alcanzarla, si el nivel de comunicación entre el Dominante y el ser sumiso es excelente.